«Hablemos de baterías, aunque no me gusten» por Jorge Morales

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La semana pasada publicaba en eldiario.es un artículo sobre el enorme impacto que, a mi juicio, va a tener la reducción del precio de las baterías en nuestro mundo. Lo hacía en relación al reciente anuncio de la compañía norteamericana Tesla de la disponibilidad de una batería doméstica de ion litio a un precio notablemente inferior al existente hasta la fecha.

Afortunadamente gran parte de los medios de comunicación en España se han hecho eco de la noticia y, con mayor o menor profundidad, han abordado algunas de sus previsibles aplicaciones.

No han faltado, sin embargo, los medios que han asegurado que lo de Tesla es una mera operación de marketing que no aporta nada al panorama energético actual, incluso llegando a calificarlo de “bluff”. Las críticas se fundamentan principalmente en dos líneas argumentales: ya hay baterías al mismo precio y la normativa no permite su utilización.

Sobre el primer argumento, sorprende ver que la mayoría de comparaciones se hacen con baterías de plomo (en sus versiones mejoradas GEL o AGM) -quizás porque son las más utilizadas en aplicaciones de fotovoltaica- y solo se analiza el precio por kWh almacenado. Ciertamente hay baterías en el mercado de tecnología AGM a un precio de unos 200 EUR/kWh, inferior al de la nueva batería de Tesla, de entre 310 y 390 EUR/kWh según si se escoge la de ciclo semanal o diario, respectivamente; pero sus prestaciones son muy inferiores a las de ésta.

Para empezar, las baterías de plomo acortan notablemente su vida si se producen “descargas profundas”. Esto es, cuando la batería se descarga por debajo del 50% de su capacidad. El efecto es tan notable que, hasta la fecha, los diseños de baterías AGM para aplicaciones de fotovoltaica directamente duplicaban la capacidad de la batería para evitar que ésta se descargara en ningún momento por debajo del 50%.

Con solo este efecto y bien entendido que, como esperamos, la capacidad de la batería de Tesla sea “real”, ya hemos perdido la ventaja competitiva del plomo en precio. Pero hay más: las baterías de plomo son muy sensibles a la temperatura y, salvo que se mantengan en condiciones de refrigeración que no suelen ser factibles en un entorno doméstico, acortan su vida útil a menos de 5 años. La batería de Tesla tiene garantía de 10 años y cubre temperaturas de trabajo de entre -20ºC y 43ºC.

Eso por no hablar del mucho mayor impacto medioambiental del plomo, de la necesidad de contar con un regulador de tensión para controlar la batería (especialmente la sobrecarga, que puede dar lugar a la emisión de gases tóxicos y a la destrucción de la misma) o de su peso, que es de cerca del doble que la equivalente de litio.

En fin, que no me extraña que los pedidos hayan desbordado a Tesla de tal forma que en menos de una semana los plazos de entrega se hayan prolongado más allá de un año .

Aclarado el tema del plomo y sugiriendo al lector que al próximo que le muestre una comparativa le exija que lo haga con tecnología equivalente en prestaciones, estoy convencido de que en los próximos meses vamos a asistir a anuncios no menos impactantes que el de Tesla en el campo de las baterías. Hay otras tecnologías que, si bien no tienen aún la experiencia de las de ion litio, presentan ya unas características muy interesantes y que, sin duda, lucharán por la posición de mercado que pretende alcanzar Tesla. Quede claro, por tanto, que, en mi opinión, lo relevante no es que sea una determinada compañía la que haya anunciado un producto disruptivo, sino que se ha iniciado la carrera por la autosuficiencia energética a partir de renovables.

Vayamos, pues, al argumento regulatorio: no faltan las voces que dicen que la normativa española no permite la instalación de estas baterías. Es cierto que, incomprensiblemente, la regulación vigente impide la instalación de baterías entre la generación (típicamente fotovoltaica) y el contador; y no menos cierto es que el Gobierno ha amenazado con aprobar un “peaje de respaldo”, en la calle, “impuesto al sol”, que haría económicamente inviable ya no solo la instalación de baterías, sino directamente el autoabastecimiento con energía solar aunque fuera parcial.

A este respecto creo que debemos distinguir entre lo que es técnica y económicamente viable y lo que no lo es por la única razón de mantener el statu quo del oligopolio eléctrico de turno. Llevo meses denunciando públicamente que la imposición de barreras al autoabastecimiento energético es una aberración y que el impuesto al sol no aguanta comparación, ni con otros sectores económicos, ni con ejemplos extraídos del propio sector eléctrico español. Los números son tan claros que estoy seguro de que las barreras solo van a conseguir que las instalaciones se construyan fuera de la ley, lo que a futuro va a crear más problemas de los que se intenta evitar.

Lo sorprendente de este argumento regulatorio es que hay quien lo enlaza con las declaraciones de Solarcity, la compañía del mismo grupo empresarial de Tesla que se dedica a vender instalaciones solares en Estados Unidos. Algo así como: ¿ves como ni siquiera ellos la van a vender?

¡¡Pues claro!! Resulta que en varios estados norteamericanos las legislaciones sobre autoabastecimiento son tan favorables que no merece la pena almacenar energía: el precio al que te pagan la energía inyectada en la red hace que el almacenamiento sea absurdo. Compare con el borrador que presentó hace casi dos años el actual gobierno de España: la energía excedentaria se regala a la red.

Esto es exactamente lo que, los que defendemos un cambio de modelo energético en nuestro país, venimos manteniendo: no tiene sentido que cada cual tenga una batería individual teniendo la red eléctrica que tenemos, que permitiría una mucho mayor penetración de renovables distribuidas con una necesidad de almacenamiento conjunta muy inferior a la suma de las individuales. Ahí están propuestas como la de la Fundación Renovables al respecto.

Las baterías no me gustan; pero lamentablemente veo que la irracionalidad del sistema eléctrico actual nos lleva irremediablemente a que unos cuantos tengan que cortar los cables para que las compañías eléctricas se sienten a negociar un futuro más eficiente para todos.

Fuente:http://jorpow.com/2015/05/11/hablemos-de-baterias-aunque-no-me-gusten/