Residuos, una asignatura pendiente, y más en España

Por Domingo Jiménez Beltrán, Director Agencia Europea Medio Ambiente (1987-2001), Patrono FDS

Artículo extraído de la publicación Estudio de percepciones, valores y actitudes sociales ante el Cambio Climático, realizada por la Fundación Desarrollo Sostenible en 2.019

Los residuos no son más que el rechazo de nuestra economía, de nuestro modelo lineal de producción y de consumo, y caracterizado por ”todo aquello que su poseedor destina al abandono” porque no tiene valor económico u otro que lo anime a conservarlo.

Con esta calificación la practica totalidad de la contaminación ambiental está determinada por los residuos que finalmente se abandonan, vierten a la atmósfera como emisiones contaminantes, a nuestros acuíferos, ríos o mares como vertidos líquidos, o sencillamente en forma mas o menos solida acaban en el medio natural en los vertederos, ríos, mares… siendo esta última la que se conoce como residuos sólidos, o basura en el caso de los residuos urbanos, y a la que nos vamos a referir en el contexto de este texto.

La degradación de nuestro hábitat, más allá de las resultantes de agresiones directas al medio, deforestación, destrucción de la cubierta vegetal, cambios inadecuados de usos del suelo… podemos decir que es resultado de una gestión ineficiente de nuestros recursos que conlleva además una reducción en su uso socioeconómico, lo que ha llevado a Naciones Unidas y en particular al PNUMA a dictaminar que “no hay crisis de recursos sino mala gestión de los mismos”. Cuando hablamos de necesidad de más recursos para satisfacer una población creciente parece que lo hacemos para poder derrochar más, porque bastaría con gestionar y distribuir bien los recursos actuales para satisfacer las necesidades actuales y un incremento razonable.

Las respuestas a este desafío creciente de los residuos son simples, aunque no necesariamente fáciles de ejecutar ya que la economía de mercado, con el consumo como elemento dinamizador del PIB y que mide no solo el crecimiento económico sino también la afluencia de recursos, se resiste al cambio.

Se resiste a pasar de la economía lineal a la circular, convirtiendo como aboga la UE los “residuos en recursos”, se resiste a una fiscalidad que grave el derroche e incentive el ahorro, la reutilización, la reparación, el reciclado, la valorización energética…, según lo que se reconoce como jerarquía en la priorización de acciones para minimizar los residuos.

Se resiste al recurso, a instrumentos económicos, como por ejemplo los Sistemas de Deposito que simplemente al poner precio a los residuos previsibles de una operación de compra (electrodomésticos, móviles, bebidas envasadas…) o de una licencia municipal (rehabilitación de vivienda,…) mediante un depósito al inicio los trasforma en recursos ya que el usuario o consumidor los devolverá al sistema para su reciclado, reparación o reutilización para recuperar el deposito como “precio del mismo”.

Se resiste porque implica cambios en los modelos de producción y consumo, con consumidores empoderados con información y señales de mercado que valoran el uso de menos recursos, la reutilización, reciclabilidad… y finalmente consumidores mas responsables y comprometidos y menos manipulables, lo que no se considera “un buen consumidor” que como canta el grupo Queen “I want it all and I want it now”, lo quiero todo y lo quiero ahora.

Si el futuro no es menos progreso sino un progreso sostenible, mas progreso ahora y en el futuro y para una mayoría creciente, con la descarbonización urgente de la economía para mitigar el cambio climático , al objetivo de “emisiones cero” de gases de efecto invernadero que guiará la economía en las próximas décadas para acercarnos al mismo ya en 2050 habrá que sumar el de “residuos cero”, y para ello habrá que contar con los ciudadanos, también como consumidores, mucho más de lo que se cuenta ahora. Y más en España, donde basta con mirar dónde estamos (datos oficiales de 2016) en materia de residuos urbanos, con tasas de reciclado ligeramente superiores al 30 % (un 57% sigue yendo a vertedero y un 13% se incineran!) mientras la media comunitaria es del 47% cercano al objetivo comunitario del 50% en 2020, para darnos cuenta que hay que empezar a tomar en serio las percepciones ciudadanas al respecto porque algo estamos haciendo mal, muy mal, todas y todos.

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Puede accederse al Estudio Completo sobre percepciones sociales ante el Cambio Climático EN ESTE ENLACE